Cláusulas abusivas en hipotecas: cómo detectarlas

Durante años, muchas hipotecas incluyeron condiciones que el cliente no comprendía completamente. Algunas de esas condiciones han sido consideradas abusivas por los tribunales.

Una cláusula abusiva es aquella que genera un desequilibrio importante entre el banco y el cliente. Es decir, impone obligaciones desproporcionadas o limita derechos sin justificación clara.

Uno de los ejemplos más conocidos es la cláusula suelo. Establecía un interés mínimo a pagar, incluso cuando el índice de referencia bajaba. Esto impedía que el cliente se beneficiara de las bajadas del mercado.

Otro caso habitual es la imputación de todos los gastos al cliente: notaría, registro o gestoría. En muchos casos, estos costes debían haberse repartido o asumido parcialmente por la entidad bancaria.

Detectar estas cláusulas no siempre es sencillo. Los contratos suelen ser extensos y técnicos. Por eso, una revisión profesional permite identificar posibles irregularidades y valorar si existe base para reclamar.

El proceso de reclamación suele comenzar con una reclamación extrajudicial al banco. Si no hay respuesta o es negativa, se puede acudir a la vía judicial. En muchos casos, los tribunales han dado la razón al consumidor.

Es importante tener en cuenta que no todas las cláusulas son automáticamente abusivas. Cada caso depende del contrato, la información recibida y las circunstancias en las que se firmó.

Revisar una hipoteca no implica necesariamente iniciar un conflicto. Significa entender qué se firmó y si existe margen para recuperar cantidades o corregir condiciones.

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